SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES
la última propuesta de los hermanos Coen sobrecoge por su
fiereza al encarar, hasta las últimas consecuencias, el tema favorito
de los creadores de 'Barton Fink' y 'Fargo': la violencia en mundos
cerrados, apartados de las grandes metrópolis, dominado siempre
por pulsiones y pasiones que parecieran tan bien conocer
y traspasar a un lenguaje fílmico de excelente factura.
Hace rato que el cine de los hermanos Ethan y Nathan Coen, autores de ‘Simplemente sangre’, ‘Educando a Arizona’, ‘De paseo por la muerte’, ‘Fargo’ y esa notable ‘Barton Fink’, es cine de culto, para iniciados, para personas que gustan del cine inteligente y desapegado de las normas de la industria. Su última obra –aclamada por los críticos y favorita para el Óscar de este mes- es, sin dudas, su película más redonda, arriesgada y compleja de cuantas han realizado.
Los Coen toman la historia de un asesino despiadado (notable Javier Bardem) que busca a un granjero de Texas, porque éste se apoderó de una maleta repleta con dinero producto de las drogas. A ambos hombres los persigue un policía (un sólido Tommy Lee Jones) y entre medio, aparecen y desaparecen personajes que aportan pistas para entender este puzzle inteligente y despiadado.
Pero ‘Sin lugar para los débiles’ (No country for old men) es un filme difícil de encasillar, debido a que deja de lado lo que el público quiere (lo habitual) y se sumerge de lleno en desarrollar un relato lento, interesante, abstracto al máximo, en que los personajes reflexionan de manera inusual acerca de Dios, la existencia y el germen de la violencia y en donde –en otro riesgo notable- no hay cabida para finales felices o explicaciones.
Por esto advertimos de partida que quienes busquen un filme habitual, convencional y plagado de violencia gratuita, nada tiene que hacer aquí. En cambio si se busca uno de esos filmes destinados a convertirse en un clásico, éste es el plato perfecto.
‘Sin lugar para los débiles’ es, por supuesto, una cinta interesante, sangrienta y cautivante por momentos, donde lo más destacable son los desempeños increíbles de sus actores que, sin embargo, no parece captar la atención del público general ni entretener como quisiéramos. Porque el arte no necesariamente debe estar al servicio de los demás. Notable estreno.

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